miércoles, 25 de junio de 2014

CAMBIO DE ROL



Intento, en la medida de mis posibilidades, educar sin que la autoridad dé paso al autoritarismo... ese que coarta toda expresión de libertad dejando sólo dos salidas: el sometimiento o la rebeldía (entendidas ambas en su vertiente negativa).
Que no sé cuál tendrá peores consecuencias a la hora de desarrollar una personalidad medianamente equilibrada.

El caso es que durante un tiempo, los padres gozamos de una posición aventajada moral, educativa y experiencial respecto a nuestros hijos, lo que nos condiciona y obliga en muchos casos a tener la última palabra.. supongo que de esa forma aseguramos la transmisión de una serie de normas que conducen (o deberían conducir) a garantizar su bienestar. 
Hasta aquí... más o menos bien.

Lo que no es tan fácil es ir adapatando esa pedagogía autoritaria a otra más progresista, conforme pasa el tiempo, que dé paso gradualmente a su independencia ideológica, y afectiva.
Uno corre el riesgo de dormirse empuñando el bastón de mando, o al contrario, de convertirse en un híbrido paterno/colega que tiene muchas papeletas para no dar la talla ni como padre ni como amigo. 

El tema es que el actor principal debe ir alejándose paulatinamente de la escena hasta quedar sentado en el patio de butacas como un simple espectador (seguramente pasando de manera temporal por el rol de apuntador, hasta que el guión cambie y el papel pierda sentido). 
Sin ruidos, resoplidos o aspavientos...  en silencio, con la confianza que da haber invertido esfuerzo, tiempo y cariño en la tarea que voluntariamente se elige. 

A ver qué tal sale. 
Voy a ir haciéndome con un bol de palomitas para ir probando pequeños ensayos...



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