miércoles, 24 de octubre de 2018

NECESIDADES




Cuando uno rebaja necesidades personales, le queda intacta la capacidad de dar... de regalar tiempo, cariño, atención... porque se desplaza el centro de atención de uno mismo a los demás.

Sin embargo, cuando uno las eleva, exige cada vez más, se angustia cada vez más, se desespera cada vez más para cubrirlas. Se vuelve más egocéntrico y pierde la capacidad de entrega.

Si las dejamos crecer sin control... ellas tomarán las riendas de nuestra vida.

A las necesidades hay que supervisarlas, recortarlas, redirigirlas o arrancarlas de raíz como a las malas hierbas en algunos casos, pero nunca dejar que campen a sus anchas. Nosotros debemos tomar el mando si no queremos desbocarnos. Nada peor que perdernos a nosotros mismos.

¿De verdad es tan importante ese trabajo? ¿de verdad no tener pareja es sentirse abandonado? ¿de verdad es tan terrible ese cambio? ¿de verdad necesitamos sentirnos infalibles, guapos, jóvenes o perfectos?

¿De verdad?

¿De verdad necesitamos acumular cosas? ¿aparentar algo que no somos? ¿de verdad necesitas que te quiera gente que no se lo merece?  ¿que te acepte determinado grupo? ¿de verdad no podrás vivir sin él? (o sin ella)

¿De verdad?

¿De verdad necesitas tenerlo todo bajo control?¿de verdad necesitas responsabilizarte de tanto?  ¿o  protegerte de todo lo que temes? ¿de verdad es todo eso necesario?

¿De verdad?


La solución es siempre la misma... en algún momento de la ecuación, los deseos lícitos para nuestro crecimiento y evolución se vuelven tiranos... en vez de servir de aliento y de impulso, nos someten, nos generan angustias, nos impiden avanzar con el equilibrio emocional que favorece el disfrute y la aceptación de la vida y sus incertidumbres.
Estaría bien escuchar un click... estar atento al cambio cualitativo que convierte deseos en necesidades.

O quizás si exista ese click.

La naturaleza humana es muy sabia. Nos enviará señales de malestar, inconformidad, insatisfacción.. nos sentiremos incómodos, asustados o agitados y esa será la alerta que debemos atender para que revisemos nuestras prioridades. Para que podemos y restablezcamos la importancia de las cosas.
Porque de lo contrario.. seremos esclavos de nuestros propios monstruos.

Estate atento, libérate a tiempo.



jueves, 11 de octubre de 2018

MALABARISTAS




Llegada una edad, la vida se parece bastante a un juego malabar...

Mantener en el aire trabajo, relaciones personales con padres, hijos, pareja, amigos... hobbies y tiempo para todo ello, es a veces sencillamente, una quimera.  

Cuando concentras tu energía en lanzar con fuerza a alguno de ellos, habrá otro reclamando tu atención en caída libre, acusando el abandono temporal y reclamando su dosis de protagonismo. 

No favorece mucho en esta situación, que las personas adultas del entorno identifiquen y confundan disponibilidad y cariño, que mezclen horas y sentimientos, que midan con instrumentos equivocados los afectos... que chantajeen emocionalmente o que esperen demasiado de las relaciones.

Ni tampoco rodearnos de mensajes que elevan las expectativas de lo que supuestamente merecemos: Amigos 24 horas que apoyan, acuden raudos a nuestra llamada con su mejor disposición, que animan y consuelan... parejas tan perfectas como irreales que están siempre preparados para decirnos lo que necesitamos escuchar, para ofrecernos sus brazos, su mejor sonrisa, su eterno amor. 

Yo, mi, me, conmigo.

Lo mejor que podemos hacer por nuestros seres queridos es ser autosuficientes. 
Lo máximo posible. 
Agobiarles lo mínimo, preocuparlos lo justo, y necesitarles solo en contadas ocasiones. 
Reservarlos para momentos importantes y no gastar su energía con asuntos que podemos resolver por nosotros mismos. 
Ellos tienen sus propios objetos en el aire y agradecerán que no les distraigamos con los nuestros.

Alguno se nos caerá... pero aprenderemos a recogerlo y a aponerlo de nuevo en circulación. 
Sin muchos dramas
Sin grandes expectativas

Disfrutando lo más posible del juego... mientras dure.