lunes, 10 de junio de 2013

ESCAPARATES


Todos tenemos un escaparate, ese donde colocamos lo mejor de nosotros mismos.

En momentos distendidos,  o con personas con las que mantenemos relaciones superficiales,  en ausencia de todo conflicto de interés,  es lógico que mostremos nuestra cara más amable (con el matiz, de que lo que en él coloquemos, debería guardar consonancia con los productos que vendemos).

Porque todos tenemos también una tienda, de aquello que nos identifica. Vamos adquiriendo material que nos interesa y lo incorporamos, colocándolo con más o menos acierto en nuestros estantes.
Conviene tenerla atendida (más o menos limpia y bonita)  y renovarla de vez en cuando, si queremos que prevalezca un cierto orden en ella.

Pero todos tenemos una trastienda...
Ahí donde se acumulamos los más variados objetos: los innecesarios, los de las ocasiones especiales, los que están deteriorados, los que no nos gustan...  junto a los olvidados, esos que ya no recordamos que están, ni para qué servían... Se amontonan, con mayor o menor acierto, en función de la cantidad de luz que tengamos. 

A veces hay que tener cuidado  con comparar las trastiendas de nuestros seres queridos con los escaparates ajenos...

Que hay escaparatistas muy hábiles y trastiendas que meten miedo.
Mejor buscar orden y consonancia entre ellas que dejarse seducir por falsos reclamos, por muy bonitos que estén colocados.



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