Ahí reside en gran parte el secreto de la vida.
Suena duro, pero es así. Y no porque yo lo diga.
Si eres capaz de entender y aceptar con naturalidad (que no con resignación torera) el hecho de que nada permanece, que las personas, las situaciones y las cosas cambian... y que vivimos dento de un cuerpo que tiene caducidad y que comienza su proceso degenerativo a partir de los 30 años, entonces estas preparado para sacarle partido al tiempo que estés de paso por este breve paseo que llamamos vida.
En caso contrario, en el caso de que no quieras que las circunstancias cambien, que las personas crezcan o vengan y vayan, de que hagas acopio de objetos y te identifiques con ellos poque creas que te definen, o de que te aferres a ellos en un vano deseo de permanecer, creyendo inconscientemente que perderlos es perderte a ti mismo... en el caso de que no asumas que el tiempo pasa y deja huella en tu cuerpo, desgastándolo con el uso... en ese caso, eres candidato seguro al sufrimiento.
Y lo más probable es que lo transmitas a los que te rodean.
Supongo que darse cuenta es el paso previo previo fundamental para vivir de manera consciente.
Para disfrutar del tiempo que duran las cosas, disfrutar de cada etapa, de los momentos en el que las personas están de paso en nuestras vidas... y también para dejarlas ir y para dejar que otras vengan. En definitiva, para disfrutar con lo que el presente nos ofrece.
No digo que sea fácil, digo que asumir la realidad es estar más despierto.
Y que estar despierto, se parece más a estar vivo.






