viernes, 9 de octubre de 2015

MAS ALLÁ DEL PERDÓN



Algunas veces, y solo algunas, se cometen actos intencionados con la finalidad de infringir un daño a alguien. Pero yo creo que son las menos.
La inmensa mayoría se hiere por miedo, por inseguridad, por ignorancia, por ofuscamiento... y no siempre de manera consciente. Y es ahí donde el perdón no termina de convencerme. Intentaré explicarlo.

Es relativamente fácil  perdonar a un ser querido cuando se arrepiente y manifiesta en un acto de humildad el reconocimiento del agravio... (salvando las agresiones físicas y psicológicas). En ese caso,  reconozcamos que el papel lucido es el de la persona ofendida, que se sube al estrado, firma la sentencia y determina finalmente si impondrá una pena asociada al indulto y en caso afirmativo, cuáles serán su naturaleza y duración.
No puedo evitar cierto tufillo a ego...

Pero el ofensor no siempre lo sabe, no siempre ha hecho un ejercicio profundo de introspección y autoconocimiento.... no siempre puede reconocer su error.
Su ofensa nos brinda la oportunidad de conocerle un poco mejor y de poder disculparle desde el silencio, desde el ejercicio de la comprensión del otro.. sin necesitar como condición su reconocimiento o su pesadumbre. 

Perdonar cuando no hay petición expresa de hacerlo... más aún, concluir que no hay nada que perdonar. 
Eso es un acto sincero de amor.  



3 comentarios:

  1. Me viene bien esta reflexión hoy... creo que también es un acto de amor intentar no hacer daño o ponerle remedio cuando lo hemos hecho sin querer... no siempre tiene que quedar la pelota en el tejado del que recibe el daño.
    Un besote!

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    1. Sin duda, si somos conscientes de que hemos hecho un daño, sea con intención o sin ella, hay que reconocerlo e intentar enmendar el error... Es un acto de honestidad. Y de amor, si.

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