jueves, 26 de febrero de 2015

AFRONTAR LA ADVERSIDAD



A veces, vienen mal dadas. 
Asumir esta premisa, contribuye notablemente o bien a solucionar los conflictos que surjan, en el caso de que esté en nuestra manos, o bien a asumirlos si no hay posible intervención. Por el  contrario, si consideramos los problemas como obstáculos a nuestra felicidad, nos colocamos en una actitud defensiva ante ellos que hará que los magnifiquemos o los evitemos continuamente, con lo que se irán acumulando. Y cada vez será mas difícil priorizar para intentar abordarlos. 
Laborales, sentimentales, económicos, de salud... a veces se suceden, otras se superponen y otras nos dan una tregua, que dicho sea de paso, estaría muy bien aprovechar. 

Y esto sucede desde la infancia, donde los deseos y la realidad comienzan a distanciarse, dando lugar a una serie de conflictos cuyo manejo nos convertirá en adultos más o menos equilibrados. Son esos conflictos los que nos obligan a encontrar estrategias para manejarlos, y conforme lo vayamos haciendo nos aportarán la confianza necesaria para afrontar los que estén por llegar. 

Pero difícilmente podremos cambiar algo si no sabemos ver que parte de competencia tenemos en su origen, en su mantenimiento o en su fin, por lo tanto, el hecho de identificar las causas y atribuirnos parte de su responsabilidad, lejos de ser un obstáculo es un acicate que contribuye a su mejora. 
Y conviene hacerlo sin el componente de dramatismo que provoca el sentirse culpable, sino desde la madurez de la persona que asume parte de su cometido en las circunstancias que vive y que utiliza el aprendizaje en su propio beneficio para mejorar y prevenir situaciones similares en el futuro. 

Claro que como decía antes no todo se puede solucionar, o si se puede, quizás no esté exclusivamente en nuestras manos. Tampoco existe la solución perfecta, puede existir la adecuada para cada momento, persona o situación, con los datos de que se dispone a la hora de tomar la decisión. Una persona cercana, familiar o amigo o en última instancia un profesional de la salud,  pueden ayudarnos a ampliar nuestra visión del problema o a analizar variables que aparentemente son invisibles a nuestros ojos.
Pero en cualquier caso, hay que decidir. 

La actitud, marca la diferencia en el manejo de la adversidad. 
Reduciendo tanto el tiempo que dura su efecto, como la intensidad de los sentimientos que produce.

Define tu postura a tiempo...




miércoles, 11 de febrero de 2015

CRISTIAN




Vaya por delante que no tengo nada en contra de que dos personas adultas y cabales se encuentren, se gusten, se necesiten o se deseen y hagan con su voluntad lo que les pida el cuerpo. No solo no tengo nada en contra, sino que tengo muchos argumentos a favor.

Pero no puedo con Grey.
Se me atraganta la idea del galán pluscuamperfecto atormentado con coartada para el sadismo, que busca redención a todos sus males sometiendo a una joven pardilla, inexperta en artes amatorias. 
Me preocupa la idea de que algún alma cándida al leer el libro o ver la película se crea que la belleza, el dinero o el poder, (o una combinación de las tres) sea suficiente justificación para entregar su libertad a alguien, para entregar sumisamente el control absoluto de su vida, y dejar que decidan por ella el qué, el como, el donde y el hasta cuando. 

Seguro que se las ingenian en el segundo o tercer tomo (o en el cuarto si llega el caso) para justificar con uno o varios traumas infantiles el hecho de que necesite dominar a una chica ingenua para demostrarle su amor sincero a mano abierta. Pero no me consuela. Y tampoco caigo en la trampa de pensar que ella es mayor de edad y accede, porque ni siquiera tiene experiencias para comparar y saber si lo que hace (o se deja hacer, mejor dicho) entra dentro de los márgenes de los esperable en una relación sana de amor. 
Que no. 
Que con 21 años eres joven, influenciable y por lo tanto vulnerable a según que cosas. Y si te enamoras, más. 

En tiempos donde las nuevas tecnologías amenazan con invadir los pocos reductos de intimidad personal que nos quedan, donde las estadísticas nos dicen que una de cada tres jóvenes  considera normal que sus parejas les controle los horarios, les impida ver a familiares o amigos, les digan si pueden o no trabajar o estudiar... en tiempos donde las mujeres intentamos que nos vean más allá de los clichés por años establecidos: objetos sexuales o decorativos, abnegadas amas de casa... flaco favor nos hacen estos folletines de tres al cuarto, que nos cuentan las bondades de un amor desequilibrado, sirviéndonos en bandeja, como cebo, el morbo.

Lo siento pero no. 
Estoy convencida de que la libertad despierta más pasión que cualquier forma de esclavitud. 
Por muy bonita que nos la pinten. 








lunes, 9 de febrero de 2015

DESPERTAR



Familiarizarse con la impermanencia y con la decadencia.
Ahí reside en gran parte el secreto de la vida.

Suena duro, pero es así. Y no porque yo lo diga. 

Si eres capaz de entender y aceptar con naturalidad (que no con resignación torera) el hecho de que nada permanece, que las personas, las situaciones y las cosas cambian... y que vivimos dento de un cuerpo que tiene caducidad y que comienza su poceso degenerativo a partir de los 30 años, entonces estas preparado para sacerle partido al tiempo que estés de paso por este breve paseo que llamamos vida. 

En caso contrario, en el caso de que no quieras que las circunstancias cambien, que las personas crezcan o vengan y vayan, de que hagas acopio de objetos y te identifiques con ellos poque creas que te definen, o de que te aferres a ellos en un vano deseo de permanecer, creyendo inconscientemente que perderlos es perderte a ti mismo... en el caso de que no asumas que el tiempo pasa y deja huella en tu cuerpo, desgastándolo con el uso... en ese caso, eres candidato seguro al sufrimiento.
Y lo más probable es que lo transmitas a los que te rodean. 

Supongo que darse cuenta es el paso previo previo fundamental para vivir de manera consciente.
Para disfrutar del tiempo que duran las cosas, disfrutar de cada etapa, de los momentos en el que las personas están de paso en nuestras vidas... y también para dejarlas ir y  para dejar que otras vengan. En definitiva, para disfrutar con lo que el presente nos ofrece.

No digo que sea fácil, digo que asumir la realidad es estar más despierto.
Y que estar despierto, se parece más a estar vivo.