lunes, 10 de febrero de 2014

ESPEJO, ESPEJITO...



Detrás de un "no puedo",  se esconde muchas veces un "no quiero persistir", otras veces un "no quiero asumir las consecuencias que tiene" y otras "no confío en absoluto en mis habilidades"... generalmente, maquillamos con disculpas nuestra inseguridad.

No digo que no haya ocasiones en que la percepción sea real, cuanto más se conozca uno mismo y más datos tenga de su circunstancias, más fino hilará su vaticinio, pero digo que todos en alguna ocasión buscamos mil y una escusas para no toparnos de bruces con la realidad.

Y así nos va, a veces, delimitando nuestras posibilidades...
Nada más paralizante que esa idea.

Estoy segura de que algo tan aparentemente simple como ajustar el lenguaje a lo que realmente queremos decir, nos facilitaría enormemente la vida. Aunque sólo sea en el discurso interno, ya que en el interpersonal puede se más complicado por tener que ajustarlo a cada nivel de confianza. Suficiente  con que lo hiciéramos ante nosotros mismos, con que nos atreviéramos a descorrer esa cortina (o cortinón, según los casos) y a asomarnos...

Creo que al contrario de lo que uno teme, el hecho de mirar la verdad desnuda, es más liberador que incapacitante... porque te abre la posibilidad de aceptarlo, paso previo fundamental para intentar cambiarlo.

Así que un ejercicio de honestidad personal, y una buena selección de palabras, nos permitirá conocernos a nosotros mismos, y por tanto, empezar a amarnos.

Porque nadie puede amar lo que no conoce.


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